lunes, 8 de septiembre de 2014
Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María
domingo, 1 de junio de 2014
Solemnidad de la Ascensión del Señor
+ Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
Mt. 28, 16-20
Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".
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Ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado
ámense también ustedes los unos a los otros.
En esto reconocerán todos
que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros.
Corazón: uno solo, el Corazón de Jesucristo; una sola Fe, una sola Iglesia, un solo Pastor. el Evangelio de hoy narra la partida de Jesús a la diestra del Padre y en este contexto las palabras del Señor: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Si Cristo hubiera querido muchas "iglesias", nunca hubiera hablado de hacer a todos los pueblos discípulos suyos. Por eso ¡felices de nosotros!, cristianos, que en estos días el Espíritu Santo obra en la Iglesia llamando a la unión a los cristianos de oriente encabezaos por Bartolomé I, patriarca de Constantinopla. La visita del Romano Pontífice y este patriarca a Tierra Santa es sin dudas un testimonio válido para cumplir la voluntas del Señor expresada en lineas finales del Evangelio de Mateo que hoy se lee en la Liturgia de la Palabra. Felices de nosotros también, porque hay mártires en distintos territorios de este mundo, en todos los pueblos, y aunque el dolor de perderlos del mundo nos pone tristes y nos hace visible la injusticia más cruel, ellos evangelizan con su testimonio, que es y debe ser siempre respetado y consagrado. Por esto, hoy llamémonos en nuestras conciencias a ser verdaderamente cristianos, como "otros Cristos", y antes de obrar preguntémonos si estamos en comunión, u ofendemos la memoria de los mártires (al fin de cuentas, al propio Dios).
La Liturgia de hoy dice en la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que Cristo les recomendó permanecer en Jerusalén para recibir la unción del Espíritu Santo. Los once Apóstoles estaban en el monte de los olivos almorzando y después de prometerles el Espíritu Santo y de anunciarles el testimonio que darían de Él tanto en Israel como en el resto de mundo, se elevó hasta los cielos y las nubes lo ocultaron. Pero dos ángeles les dijeron a los Apóstoles que el Señor volvería como lo habían visto partir. Es así que podemos pensar en lo que dice Jesús en el Evangelio de Mateo: "Y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". Porque si Cristo ascendió al Padre gloriosamente en cuerpo, alma y divinidad, gloriosamente volverá en cuerpo, alma y divinidad, y aún más, Él está siempre con nosotros hasta el fin del mundo; así como partía el pan con los Apóstoles, pan que Él había dicho que era su Cuerpo, y comía con ellos, así en la Eucaristía él permanece con nosotros hasta el fin del mundo, de manera que existe verdadera comunión. Glorificado está junto al Padre, eucaristizado permanece con nosotros, pero vendrá de nuevo y será todo en todos con Gloria y Majestad así como lo está junto al Padre, para cumplir lo que prometió cuando dijo que iría a prepararnos habitaciones.
La unidad es esencial del ser cristianos, es permanecer juntos en Jerusalén y recibir juntos la unción. El Amor que hablo Cristo es lo que debe movernos a encontrarnos unidos sabiendo que en el tiempo estamos en comunión por la Eucaristía y por el Espíritu Santo, y en la eternidad ya estamos en comunión por el vínculo de la paz con Dios y los hermanos a la vez. En el tiempo comulgamos el Cuerpo del Señor; en la eternidad nuestro corazón es uno con el suyo y así podremos ver a Dios en su gloria, cuando hasta el fin del mundo y habiendo permanecido en la comunión, seamos invitados al banquete del Señor con nuestro traje de gala, como Cristo.
La ascensión entonces es alegría para el cristiano, porque así está cerca la venida del Espíritu Santo que nos conducirá a la Verdad completa, hasta que Cristo vuelva. Por eso creo que es necesario en este tiempo volver a mirar ese fragmento inicial en el que los Apóstoles y los discípulos se amaban, tenían todo en común, evangelizaban, bautizaban, hacían la obra de Dios. Amor, la ley mayor, fidelidad a Cristo y unidad en la comunión.
Hoy leemos en la primera lectura el inicio del segundo libro de San Lucas Evangelista, y en el Evangelio, el final del Evangelio de San Mateo. Pero quiero detenerme por un momento en una reflexión sobre el tiempo final de la estancia de Cristo en el mundo. Hoy el Papa es atacado de manera sutil y muy articulada. Es una lástima que haya aún cristianos fuera de la unidad y con la voluntad torcida por ideas erradas que rechazan la unidad y contradicen al Vicario de Cristo. Ante esto quiero recordar, para mí mismo y para quien lea esto, que fue Cristo, el Señor, quien dio a Pedro las llaves del Reino; fue el Señor quien en el evangelio de San Juan, al final, pidió a Pedro que apaciente a sus ovejas; fue el Señor quien quiso que Juan quede hasta su venida y así es caa vez que un Papa se llama Juan. Y así es cada vez que el discípulo al que Jesús amaba enseña a los cristianos a ser discípulos: la ley es el amor, a Dios y al hombre por Dios. Así, es necesario entender las palabras del Papa emérito Benedicto XVI en una carta a los obispos en relación con la remisión de excomunión a los obispos lefebvristas, y que es ya es sí un gesto de amor, él dijo "Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes".
Amén.
martes, 13 de mayo de 2014
Lunes IV del tiempo pascual
Jn 10, 1-10
Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia".
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"Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado".
El Señor se refiere a los maestros que no enseñan a Dios, sino que se sirven de los demás según su egoísmo y roban almas para dejarlas vacías de Dios y llenas de cosas exteriores y de ideas erradas, de prácticas sin sentido y de una enorme distancia a Dios. A propósito de 'robar almas', robar es un pecado prohibido en los diez mandamientos, ahora bien, si el que gana un alma para Dios cubre la multitud de sus pecados, el que le roba a Dios..., ¿se salvará?...
Pero Dios es Misericordia y eso quiere de nosotros.
Acá parece que Cristo le habla a los Apóstoles (y no sólo a los fariseos) de quienes son maestros de la ley, los que estaban antes que Él (en el tiempo), pero a nosotros bien nos dice de nuestro tiempo que hay ladrones y asaltantes. Lo dice hoy, en el Evangelio de la liturgia de hoy y lo dice mañana preguntándose hoy:
¿encontraré fe sobre la tierra?
¿Quiénes son tus ladrones y asaltantes?..., ¿podés nombrarlos?...ó ¿podés enumerar tus ídolos?...
Pero continúa diciendo "las ovejas no los han escuchado". Es clara referencia del discípulo, del cristiano, del fiel. No, no los hemos escuchado, no, porque te reconocemos, Señor, desde el bautismo. No, ellos no los escucharon, nuestros padres se negaron a escuchar a "maestros" e ídolos. Así ellos sufrieron el martirio, derramaron su sangre y su fe hemos recibido. Por esto, ¿cómo vamos ahora a ir detrás de traidores o detrás de traiciones cuando nuestros padres, los primeros hermanos, tanto han padecido?. "Yo soy la puerta"..., ¡la puerta del cielo!, nadie puede estar con Dios si no entra por la puerta, la puerta estrecha cuyo dintel son esos brazos extendidos y ensangrentados por amor a los hombres.
"El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento".
Entremos a la Iglesia del Señor, comamos su carne y bebamos su sangre, podremos entrar y salir y encontrar alimento.
En la versión de Johann Straubinger encontramos este versículo así: "Yo soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos". El autor habla sobre este "ir y venir" de la libertad que Cristo da por su palabra después de prepararlos; refiere también el pasaje de Jn 8, 31 "la verdad os hará libres". Recordemos que el Señor dijo "Yo soy la Verdad". Pero nosotros, ya cristianos, debemos ver lo que nos dice Cristo sobre el "entrar y salir" del Templo y encontrar el alimento. El Papa, "casualmente" un buen pastor y "casualmente" el Vicario de Cristo, nos dice "salgan", "salgan a las calles". Parece una alegoría del Pentecostés cristiano en tiempos de la nueva evangelización a la que llamó su antecesor, Benedicto XVI, "siempre y en todo lugar". La Verdad debe donarse, como fue donada por Dios, sin duda, y nosotros debemos alimentarnos "entrando" por la Puerta, en la Iglesia, al templo; comulgar, las ovejas de su rebaño. No sólo ese es nuestro alimento, aunque sin el "pan de los ángeles" no somos nada, también tenemos que alimentarnos de la vida cristiana estando en gracia delante de Dios. "No sólo de pan se alimenta el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios", efectivamente, debemos "salir" alimentados del pan de Vida y de la Palabra y llevar a los demás la Buena Noticia, como "rescatando" a las ovejas robadas y a los que aún no son "ovejas".
Salir..., pero ¿cómo conciliar esto con los que no llevamos una vida activa, sino contemplativa?, bueno, señores, el que contempla escribe. El contemplativo está más cerca de la lapicera que el que es obrero. el que contempla evangeliza instruyendo, y sus escritos son fe vivida, éste es precisamente el significado de "la fe sin las obras está muerta". El que no entra no puede salir, porque ¡está afuera!. Sin gracia no hay contemplación, sin el pan de los ángeles no hay gracia, sin reconciliación no hay alimento de vida eterna: por la humildad y la conversión entramos por la puerta. Pero sabemos que, al menos nosotros, no logramos contemplar si no estamos en gracia, y estando lejos de Dios se nos quita la contemplación y la sabiduría, y esto lo sentimos en forma evidente por medio de una tristeza del alma al estar en pecado; así debemos humillarnos y rezar como bien escribió un contemplativo cartujo que una carta, y de a poco, pero no tan instantáneamente, volverá a nosotros la capacidad de entendimiento e instrucción en las cosas santas, tanto de la Palabra como de la vida cristiana. Digo "no instantáneamente" refiriéndome al que se suelta de la mano del Padre. Cuanto podamos hacer los contemplativos para evangelizar, lo haremos en comunión, y no sin ella, esto será también obediencia, obediencia a Cristo y a Pedro..., ¡se entiende!, ¿verdad?. Aun el pecado purifica si hay arrepentimiento, y entonces los instructores escribimos sobre la vida cristiana enseñando a combatir el mal con mecanismos y herramientas contundentes: ayuno, lectura, meditación, oración, obra. Lee a los Papas, a los santos, pero especialmente a Dios, la Biblia...; la oración nos lleva a Dios, la liturgia de las horas. La obra tiene su forma según el estado, pero el motor es la Caridad.
Así el contemplativo escribe libros y sale en voz de sus hermanos, así su "salir" es un "enseñar", salir de sí mismos donando lo contemplado. Pero...¿qué se contempla?...
Los libros del que sale siempre vivirán si llevan Vida en ellos, si conocen "su Voz". Aunque sean quemados, serán los lectores los que los reverdezcan y lo enseñarán como parte de una tradición oral; tradición oral que escucharán otros y la escribirán como esquematizando un plano para construir, del cual el Director de obras es nada menos que Dios, omnipotente, omnipresente, omnisciente. Si las letras mueren, la sabiduría no se puede borrar, porque es don del Espíritu Santo.
Salir..., como dice el lema de una antigua Orden religiosa: "contemplar y dar a conocer lo contemplado", entrar por la puerta, ir y venir. El Buen Pastor, que es Cristo, nos habla por medio de su Vicario, a cada uno según su estado. Un día el Señor le habló a los fariseos, después de haber curado a un ciego de nacimiento. Hoy nos interpela a sus ovejas ó... buenos pastores..., en todo caso la fe deberá abrir nuestros ojos para que cooperemos en la Iglesia como aquellos primeros cristianos a los que Cristo envió.
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